¿Porque tienen miedo los bebés?

El miedo es una de las principales emociones básicas que experimentamos, junto con la alegría, la tristeza y la ira, una reacción automática de nuestro cerebro que hace reaccionar a todo nuestro cuerpo. El miedo, que tiene la función principal de alertarnos de un estado de peligro, de una amenaza, es primero fisiológico que psicológico.

¿Porque nuestros bebés tienen miedo? ¿A que tienen miedo los niños pequeños? ¿Como puedo ayudarle a superarlo?... Seguro que muchas de estas preguntas se te han pasado por la cabeza en mas de una ocasión. En este articulo trato darle respuesta.

porque tienen miedo los bebés

La mayoría de los niños tienen en algún momento miedo a la oscuridad, a los monstruos, a las tormentas o incluso a Papá Noel. Sin embargo, los miedos de la infancia pueden ser experiencias de crecimiento, siempre y cuando se domestiquen. De forma silenciosa pero segura, puedes ayudar a tu hijo a superarlos.

"El miedo es una emoción intensa que puede asociarse a manifestaciones conductuales, cognitivas y fisiológicas de ansiedad".  (Vera y Leveau, 1990)

Índice

    ¿Porque sienten miedo los bebés?

    Pequeños o grandes, reales o imaginarios, desproporcionados o no, es esencial tomar siempre en serio los miedos de los niños, no los minimices, no los ignores, todos tienen una razón de ser, aunque a veces nos cueste a los adultos entenderlos. El miedo debe verse como un mensaje, una forma de que el niño se exprese. ¡Ninguno de ellos debe ser juzgado como ridículo!

    Puede ser un sentimiento de ansiedad que se siente ante la presencia o la idea de un peligro, una aprensión que impulsa a huir o a evitar una situación, un miedo a un juicio... que puede producirse en un futuro más o menos próximo. A menudo, los miedos de los niños provienen de experiencias que no entienden y/o que les parecen amenazantes.

    Hay una explicación neurobiológica muy simplificada del miedo, la amígdala (un grupo de núcleos en los lóbulos temporales) es una estructura cerebral esencial para descodificar las emociones, especialmente los estímulos que amenazan el cuerpo.

    Si la amígdala se activa, primero desencadenará una cascada de reacciones emocionales: sudoración, contracción muscular, aceleración del ritmo cardíaco, luego nos permitirá, a través de la corteza sensorial adaptada (visual, auditiva...), analizar la representación del objeto y prepararnos para huir o defendernos.

    En conexión con el hipocampo, una estructura cerebral que desempeña un papel central en la memoria, la amígdala nos permitirá almacenar y memorizar las emociones que sentimos.

    Los miedos evolucionan a medida que el niño percibe y se desarrolla.

    El miedo a lo desconocido como ruidos y cara, las ansiedades vinculadas al mundo imaginario del niño con monstruos, brujas; dan paso a miedos más racionales como accidentes o caídas, la mirada de los demás, etc.

    Su capacidad para imaginar escenarios de miedo y recordarlos aumenta entre los tres y los seis años. Este es el periodo de la infancia en el que tendrán que enfrentarse a muchos miedos imaginarios.

    El papel de los padres es crucial en el aprendizaje del miedo del niño

    Escucharles y acompañarles de forma cariñosa les ayudará a domar sus miedos, a superarlos y a aumentar su confianza y autoestima. El niño que puede superar sus miedos enfrentándose a ellos crece y refuerza su capacidad para superar los miedos o las pruebas que se le presenten.

    Según decía Isabelle Filliozat -> Hay miedos sanos, hay miedos desproporcionados, fuera de lugar. Hay miedos que vencer, otros que superar, todos que respetar y apoyar



    ¿De dónde vienen los miedos?

    Pero vamos a profundidad un poco mas para tratar de entender que le pasa a nuestro bebé y así poder ayudarle. Los miedos infantiles tienen tres orígenes principales:

    Miedos clásicos

    Aparecen y desaparecen al ritmo del desarrollo del niño

    "Papá, deja la luz encendida, tengo miedo a la oscuridad", "Tengo miedo del monstruo que se esconde en mi habitación", "Mamá, ven a salvarme, ¡¡¡hay una mosca que me ataca!!! "

    Fantasmas, oscuridad, brujas, tormentas.... Todos los niños experimentarán algún día estos miedos, estas fuertes emociones, a distintos niveles. Es una transición necesaria, porque marcan etapas en el desarrollo del niño. Son miedos transitorios y suelen ser amplificados por su imaginación.

    Para la mayoría de los niños, lo que imaginan y la realidad suelen ser la misma cosa, especialmente para los niños con un temperamento sensible y creativo. Común a cierta edad, ¡tampoco te los tomes a la ligera! Pueden impedir que el niño avance y hacerle sufrir.

    Miedos adquiridos

    Si tienes un niño con mas de 3 años, seguramente te suenen frases como estas:

    "No quiero lavarme el pelo, tengo miedo de que me entre agua en los ojos", "El médico no, tengo miedo de que me haga daño en los oídos", "Tengo miedo cuando gritas", "Tengo miedo de no recordar mis poemas"...

    Los miedos adquiridos que pueden ser una verdadera fuente de sufrimiento, generalmente referidos a una situación ya vivida por el niño. Los miedos debidos a un shock, a un acontecimiento traumático o aterrador del que tu hijo haya sido testigo o víctima, pueden dejar recuerdos terribles y duraderos: un accidente, una pelea familiar violenta, un examen brutal en el pediatra.

    Es muy importante que intentes encontrar las palabras adecuadas para tranquilizar a tu hijo y no dudes en buscar ayuda profesional si te sientes impotente.

    Tu hijo también puede desarrollar ansiedades por falta de confianza o baja autoestima. Es importante animar y elogiar los esfuerzos de tu hijo para reforzar su autoestima y ayudarle a superar sus miedos.

    Algo muy común, por ejemplo ni pequeña, en cuanto oye el ladrido de un perro, corre rápidamente a mis brazos y empieza a llorar y a ponerse rígida. Lo más probable es que se haya asustado mucho hace unas semanas cuando el perro de nuestro vecino (muy simpático) vino corriendo y ladrando hacia ella.

    Afortunadamente, con un poco de ayuda, estos miedos pueden ser superados por el niño. Se tardó casi un año en conseguir que Martina se lavara el pelo sin llorar: finalmente superó este "trauma" causado por una vez que le entró jabón en el ojo y le picó mucho!

    Temores de imitación

    Presta atención a tus reacciones y comportamiento, los niños son esponjas de emociones, tienen una molesta tendencia a reproducir las actitudes y comportamientos de sus padres. Es probable que tu reacción de pánico total ante una araña provoque el mismo miedo en tu hijo (apesta a experiencia, ¿no? ;-). Del mismo modo, ten cuidado de no comunicar a tu hijo tus ansiedades: miedo a los demás, a la separación, a la enfermedad, a la muerte....



    Miedos en los niños segun su edad

    Aunque no se puede generalizar, existen una serie de patrones y temores habituales en los bebés que van evolucionado según van creciendo convirtiéndose en "personitas". Vamos a repasarlos, esto te va a ayudar a entender su comportamiento y como ayudarle a superarlos

    • 8 meses - Ansiedad por separación y miedo a los extraños, miedo al abandono.
    • 1 año - Miedo a los ruidos como la aspiradora, teléfono, batidora, etc.
    • 18 meses - Miedo a los monstruos o a la oscuridad, antes dormía con las luces apagadas y la puerta cerrada, pero ahora pide mantener la puerta entreabierta porque se siente en peligro
    • 2-4 años - Miedos temporales: animales grandes, especialmente si no hay ninguno en la casa, tormentas eléctricas, payasos, Papá Noel, criaturas imaginarias como brujas, fantasmas o robots. Puede producirse por el miedo a lo desconocido o por la reacción exagerada de los demás en determinadas situaciones.
    • De 5 a 12 años - Miedos asociados a un objeto o situación concreta (insectos, ladrones y secuestradores, médicos y dentistas, miedo a las alturas, accidentes). El niño también puede tener miedo a las catástrofes naturales o a la guerra después de ver imágenes perturbadoras en la televisión. También es la edad de los primeros miedos sociales (ser rechazado en la escuela, hablar en público, etc.). Estos miedos son similares a los de los adultos.

    ¿Como ayudar a los bebés a combatir el miedo?

    Aprender a enfrentarse a los propios miedos es un paso importante en el desarrollo del niño. Poco a poco, a través de la experiencia, los niños aprenden a distinguir entre las situaciones inofensivas y las verdaderamente peligrosas. Esto puede aumentar mucho su confianza.

    Como padre, puedes ayudar a tu hijo a superar tranquilamente sus miedos. Aquí tienes algunos consejos para ayudarte:

    Tranquilizar a un niño asustado

    Observa cómo reaccionan los padres ante el miedo de su hijo, toma en serio el miedo de tu hijo, sin ridiculizarlo ni discutirlo. Aunque sea infundado o parezca inofensivo, el miedo es real. No hay que minimizarlo, sin embargo, no reacciones de forma exagerada ni sobreprotejas a tu hijo, ya que esto reforzará el miedo... Fortalecerá su valor.

    Recuérdale a tu hijo los momentos en los que no tiene miedo o los momentos en los que ha sido capaz de superar el miedo. Descodifica sus señales de miedo, sin nombrarlos, tu hijo puede mostrar que tiene miedo cuando se esconde, cierra los ojos, etc.

    Anima a tu hijo a expresar sus emociones para que aprenda a nombrar sus miedos y a hablar con él sobre ellos. Las palabras ayudan a los niños pequeños a controlar sus emociones.

    Ayuda a tu hijo a aprender gradualmente a controlar su miedo. Habla con tu hijo sobre su miedo para que aprenda a enfrentarse a él y a superarlo. Ve a su ritmo y no le obligues a enfrentarse a ello. Si tu hijo está disgustado, consuélale tranquilamente abrazándole y asegurándole que todo irá bien.

    Si a tu hijo le cuesta tranquilizarse con tus palabras, aumenta su sensación de control sobre su miedo ofreciéndole una acción a realizar. Como los niños de preescolar viven mucho en su imaginación, puedes utilizar la creatividad para darles el control. Por ejemplo, dales una espada de plástico para que luchen contra el monstruo o diles que griten si entra un lobo en la casa, mientras les repites que no existe el monstruo o que los lobos no entran en las casas. El objetivo es que el niño se sienta lo suficientemente seguro como para dormirse y darse cuenta por sí mismo de que nunca tuvo que usar una espada o gritar.

    Aumenta su sensación de control sobre su miedo dándole una acción que realizar. Como un niño de preescolar vive mucho en su imaginación, puedes utilizar la creatividad para darle el control. Por ejemplo, dales una espada de plástico para que luchen contra el monstruo si sale de debajo de la cama o diles que griten fuerte si entra un ladrón en la casa.

    Habla de tus propios miedos de niño, asegurándote de elegir uno que sea diferente al suyo: "¡Tú tienes miedo a los perros, pero yo tenía miedo a los gatos! Pero ya ves, los gatos son mansos, igual que los perros. "Tus reacciones también influyen. Si gritas al ver una araña o una abeja, puedes transmitir tu miedo a tu hijo.

    Cuando sientas que tu hijo es capaz de enfrentarse a sus miedos, anímale con suavidad, poniéndole gradualmente en contacto con lo que le aterroriza. Poco a poco, su miedo disminuirá y su sensación de seguridad aumentará.

    Elige bien tus palabras. Si dices: "¡No tengas miedo, no te dolerá! "Al ir al dentista, estás enviando un mensaje de peligro. En su lugar, di: "Verás, los dentistas están acostumbrados a tratar con niños. Todo irá bien. "

    Utiliza juegos, dibujos y cuentos. Si tu hijo tiene miedo de separarse de ti, juega al escondite: es una forma estupenda de ayudar a domar la ansiedad. El dibujo también puede ayudar a tu hijo a expresar sus miedos. Por último, si tu hijo tiene miedo a los perros o a los fantasmas, puedes contarle historias sobre un perro o un fantasma muy bonito.



    No te centres demasiado en sus miedos, sino en sus puntos fuertes. Esto evitará que sus miedos se conviertan en una forma de llamar tu atención.

    Miedos comunes y sus soluciones

    Pregúntate por qué tu hijo tiene miedo. Un divorcio, una mudanza, una reorganización familiar o una preocupación por el cuidado de los hijos pueden hacer que un niño esté más preocupado o ansioso.

    Tanto si surgen de forma espontánea, como si están relacionados con una mala experiencia o han sido transmitidos por los padres, algunos miedos específicos tienen soluciones específicas.

    Miedo a los monstruos

    A menudo relacionado con el miedo a la oscuridad, el miedo a estar solo y el desarrollo de la imaginación del niño, el miedo a los monstruos puede resolverse tranquilizando a tu hijo y haciéndole hablar de su miedo durante el día o antes de acostarse.

    Cuando consuelas a tu hijo cuando tiene miedo, le ayudas a sentirse seguro. Este sentimiento les da el valor que necesitan para enfrentarse a sus miedos y superarlos.

    Tranquiliza a tu hijo diciéndole que no hay monstruos más que en los libros y en la televisión. Puedes comprobar bajo la cama con él una vez, pero no más. Si lo haces siempre, le estás dando motivos para tener miedo. También puedes decirle que le visitarás cuando esté dormido para asegurarte de que todo va bien.

    Si tus palabras no le tranquilizan en absoluto, dale una sensación de control preguntándole cómo puede luchar contra el monstruo. Aunque tu hijo se tranquilice con la estrategia que has ideado, sigue diciéndole que el monstruo no existe. Saber qué hacer si ven un monstruo da a tu hijo la confianza necesaria para ir a dormir. Como el plan nunca se pondrá en marcha, tu hijo entenderá con el tiempo que no hay monstruos en su habitación.

    Establece un ritual reconfortante antes de acostarse para que tu hijo se sienta seguro: un baño seguido de un cuento o juegos tranquilos, por ejemplo.

    Instala una pequeña luz nocturna, pero no la enciendas todo el tiempo. Lo mejor es dejar que tu hijo elija si lo usa o no.

    Si se despierta por la noche, asustado, ve a consolarle rápidamente y escúchale sin interrumpirle, luego ayúdale a diferenciar la realidad de su imaginación.

    Miedo a los perros

    La mejor manera de tener buenas experiencias con los perros es saber cómo acercarse a ellos. Acostumbra a tu hijo a pedir permiso antes de ir a ver a un perro. Cuando sean mayores, podrán preguntar directamente al propietario.

    Explica cómo acercarte a un perro. "Ponte a un lado, sin mirar al perro a los ojos. Deja que sienta tu mano. Entonces puedes tocar el lado de su vientre." "Entonces muéstrale cómo hacerlo acercándote tú al animal."

    Si tu hijo tiene miedo a los perros, respeta su ritmo y anímale gradualmente a acercarse a un perro en tu presencia. Si es necesario, coge a tu hijo en brazos.

    Miedo a los insectos

    De nuevo, el mejor tratamiento es exponer a tu hijo a su "enemigo" gradualmente. Esto ayudará a tu hijo a acostumbrarse a la presencia del insecto, permitiendo que la ansiedad se reduzca y acabe desapareciendo. Este método, que es igual de bueno para los adultos, se realiza generalmente en varias etapas. Lo ideal es que tu hijo lo haga con alguien que esté tranquilo y se sienta cómodo con los insectos.

    Si muestras preocupación cuando tu hijo entra en pánico, puedes reforzar involuntariamente sus miedos, dándole la impresión de que realmente hay algo de lo que preocuparse.

    Haz que tu hijo se interese por el mundo de los insectos. En verano, observa a una colonia de hormigas transportando comida, a una araña tejiendo su tela o a las abejas organizando su colmena.

    Ayuda a tu hijo a familiarizarse con el temido insecto. Por ejemplo, puedes mirar libros sobre insectos con tu hijo y explicarle cómo viven.

    Pídele a tu hijo que describa el peligro que siente por el insecto. Así podrás entenderlo y darles la información adecuada para desmitificar el peligro.

    Si es posible, organiza un encuentro cara a cara con el insecto, primero observándolo a distancia en su entorno natural, y luego atrapándolo. Colócalo en una caja de plástico transparente y aireada para que tu hijo pueda contemplarlo con calma. Suéltala cuando tu hijo se haya acostumbrado a ella.

    Deja que tu hijo invente "bichos" o trampas utilizando su imaginación. Se trata de un intento de obtener el control sobre el "enemigo". Esto suele ser más común con los insectos que pican (mosquitos, avispas).

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